Como una contribución al diálogo familiar y al uso del tiempo libre, el rector del Claustro les envía el siguiente texto para leer y trabajar con papás, hermanos o compañeros. Se trata del párrafo principal de una divertida obra de teatro denominada El Testamento, del poeta y educador argentino Germán Bordiales. El viernes enviamos el desenlace de la obra, donde aparecen las soluciones planteadas por el autor.
Un señor, al morir, dejó el siguiente testamento, no se sabe si por astuto o por ignorante: "Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta del sastre nunca de ningún modo para los Jesuitas todo lo dicho es mi deseo Facundo". A la lectura del testamento asistieron el sobrino Juan, el hermano Luis, el sastre y los jesuitas. Como no tiene signos de puntuación, el sentido del texto puede ser interpretado por cada uno de manera diferente. Pídele a tus papás, hermanos o amigos que le coloquen signos de puntuación suponiendo que sean: el sobrino Juan, el hermano Luis, el sastre o los jesuitas. Tú mismo puedes ser uno de esos personajes. Si tienes dudas o si no comprendes bien el texto o la actividad, tus papás te pueden explicar muy bien de qué se trata. Muchas gracias. Solución. Dependiendo de la ubicación de los signos de puntuación, cada uno de los personajes de esta historia intentó beneficiarse con el testamento de la siguiente manera: Juan: Dejo mis bienes a mi sobrino Juan, no a mi hermano Luis. Tampoco, jamás se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo para los Jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Facundo. Luis: ¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? ¡No! A mi hermano Luis. Tampoco, jamás se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo para los Jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Facundo. El sastre: ¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. Se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo para los Jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Facundo. Los Jesuitas: ¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¿Se pagará la cuenta del sastre? Nunca, de ningún modo. Para los Jesuitas todo. Lo dicho es mi deseo. Facundo. Lo que no tuvieron en cuenta es que ante la disputa se necesitaría la intervención de una autoridad estatal, quien conociendo el caso afirmó: - Señores, aquí se está tratando de cometer un fraude; la herencia pertenece al Estado, según las leyes; así lo prueba esta interpretación: ¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta del sastre. Nunca, de ningún modo, para los Jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo. Facundo. En tal virtud, y no resultando herederos para esta herencia, queda incautada en nombre del Estado y se da por terminado este asunto. Esta historia demuestra, una vez más, la importancia que tiene el correcto uso de los signos de puntuación de manera que lo que escribamos coincida con lo que queremos comunicar.
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